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Pakse, cocinando en una casa laosiana

Pakse, Don Khone

Hospitalidad Laosiana

Fue nuestra última noche en el Vat Phou. Fui la primera en salir a la cubierta del barco, me daba tristeza ver que aquello se acababa. Algunos del personal estaban ya haciendo sus estiramientos y otros preparándolo todo para los clientes. Estaba amaneciendo y estaba nublado, pero la belleza del paisaje era la misma, sólo había cambiado los colores.

Pakse, Don Khone
Mr. La, haciendo ejercicios

Desayunamos mientras el barco seguía rumbo al sur, observábamos como los niños iban vestidos con sus uniformes en barcas al colegio, es su medio de transporte.

El Vat Phou atracó al poco tiempo, nosotros abandonaríamos el barco para seguir en barcazas hacia la isla de Don Khone. Nos despedimos del personal y de Miriam y en el fondo sentimos mucha pena, ella había sido encantadora y nos hizo sentir como en casa. Bounthanh nos acompañaría a la excursión y a nuestro regreso a Pakse.

Nos dirigimos a la isla de Don Khon, famosa por su cultivo de cocos, bambú y ceiba. Una isla tranquila donde todavía queda algún edificio de la época colonial francesa. Esta isla como otras era un enclave importante entre Laos y Saigón para repostar. Los franceses construyeron una red de ferrocarril de vía estrecha pero hoy solo que un par de trazos de vías y un puente viejo de aquello, pues desde la segunda Guerra Mundial no se ha vuelto a utilizar. En la isla hay una locomotora de exposición fabricada por Siemens. Una forma de recorrer la isla en es bicicleta, apenas tiene infraestructura, puedes hacer kayaking y visitar las cascadas de Li Phi y de Khone Phapeng.

Pakse, Don Khone
Cataratas de Khone Phaphen

Continuamos nuestro trayecto hacia un restaurante junto al río Mekong y cerca de la cascada Khone Phapeng. Lo bueno para mí que tuvo el almuerzo, fue ver disfrutar a los niños bañándose en el río, saltando desde los barcos y jugando, no necesitaban nada, ellos inventaban sus juegos y se divertían de lo lindo.

Después del almuerzo visitamos la cascada, muy cerca de la frontera camboyana, con un tramo de 13 km de rápidos que la convierte en época de lluvia en unas de las cataratas más violentas del sudeste asiático. Tanto los laosianos como los tailandeses creen que estas aguas son una protección natural que atrapa a los espíritus que vagan por allí.

Al final nos trasladaron en autobús a Pakse a nuestros respectivos hoteles. Nosotras esa noche estábamos invitadas a cenar en casa de Thippakone, ellos cocinarían comida típica laosiana y nosotros teníamos que hacer algo típico español, así que pensamos en la famosa tortilla de patatas.

Primeramente buscamos aceite de oliva y lo encontramos en el centro comercial Tang Freres, a precio de oro, pagamos unos 7 dólares por una pequeña botella, también compramos un regalo para su recién nacido hijo, solo tenía unos 20 días.

Pakse, Don Khone
Niños bañandose en el río Mekomg

Thippahone con un amigo nos recogió en el hotel, nos fuimos para su casa, allí estaba su cuñado con su mujer y creo que otra cuñada más. Todos nos metimos en la cocina, nosotras a pelar patatas y picar un poco de cebolla y ellos haciendo su comida. Teníamos que estar descalzos y además cocinar en el  suelo. Era divertido, pero si no estás acostumbrada la espalda se resiente. El cuñado vino con un solo vaso de cerveza y todos bebíamos de él, uno a uno nos lo íbamos pasando, eso significaba que éramos bienvenidas y nos aceptaban como parte de ellos. Mientras hacíamos la tortilla también le ayudábamos a hacer unos pinchitos de carne.

La cena se servía en el suelo en el porche de la casa, Bounthanh también vino, pero Thippakone había invitado a unos cuantos amigos guías, quería presentarles a su amiga española.

Uno de los platos que cocinaron ellos era una especie de sopa donde teníamos que mojar primeramente el pescado crudo en el huevo batido crudo y luego introducirlo en el caldo caliente, y todo con palillos. Si no llega a ser por Bounthanh no hubiese comido casi nada, porque todos los trozos se me escapan en el caldo y no había forma de cogerlos. Herminia no llegó a probarlo, el huevo es superior a ella, pero si comió pinchitos y tortilla. La comida estaba buena, pero la cerveza entraba que daba gusto, no se la de litros que nos bebimos.

Unos de los guías que llevó a su hijo, le hizo probar la tortilla, el niño ni corto ni perezoso lo escupió haciendo cara de asco, el padre no sabía cómo disculparse, pero nos dio por reír, además lo entendíamos perfectamente, sin picante ellos no comen. Herminia hizo muy buena amistad con el padre, el le hablaba en inglés y ella le contestaba en español, pero no sé cómo,  se entendían bien. Nos reímos a lo grande y fue una cena que jamás en mi vida olvidaré, una velada que desearía volver a repetir con los ojos cerrados.

Pakse, Don Khone
Cocinando en casa de Thippakone

Al final de la cena acabamos todos poniéndonos pulseras de algodón blanco en las muñecas, pidiendo un deseo y deseándonos buena suerte.

Era tarde y algunos tenían que trabajar al día siguiente, Thippakone nos llevó con su amigo al hotel y al bajarnos del coche nos dimos cuenta que íbamos bastante achispadas. Nunca pensé que acabaríamos haciendo tortilla de patatas en Laos.

 A la mañana siguiente teníamos unas cuantas horas libres antes de coger el avión hacía Vientián. Quedamos con Thippakone en el Café Sinouk, nos encontramos allí a Bounthanh que estaba con un nuevo grupo para hacer el recorrido en el Vat Phou. Nos daba pena no poder volver al barco, pero todo llega a su fin y nos despedimos.

Thippakone tenía el día libre y nos enseñó algunos lugares desconocidos pero interesantes que los tour operadores no los incluyen y tampoco aparecía en mi guía.

Pakse, Don Khone
Bane Chomphet, pueblo de escultores

Nos llevó al norte de la provincia de Champasak, a unos 8 km de Pakse al pueblo de escultores de piedra de Budas, llamado Bane Chomphet. Hombres trabajan a  cincel y martillo.

Seguidamente fuimos al templo de Wat Chomphet donde unos guardianes dorados de piedra vigilaban la entrada. Una vez que accedes al recinto hay un patio grande y al fondo una enorme estatua de 15 metros de altura de Buda sentado, a su vez rodeado de más estatuas de Budas sentados de menor tamaño. Un templo donde el budismo se mezcla con el animismo y la superstición. Accedimos al templo e hicimos las reverencias a Buda, a continuación tomamos las varillas que pronostican tu futuro, menos mal que estaba Thippakone para traducirlo.

Pakse, Don Khone
Thippakone en Wat Chomphet

A continuación nos llevó al Wat Phusalao, una colina con un gran Buda de oro, donde hay un mirador con unas vistas increíbles de la ciudad de Pakse y el río Mekong. Se hizo dura la subida por la cantidad de escalones que tiene aunque se puede tomar un camino situado a la derecha. La escalinata estaba decorada en varios tramos por nagas y Budas.

Como disponíamos todavía de tiempo Thippakone nos llevó para presentarnos a sus padres. ¡Aquello sí que fue una sorpresa!. Fuimos a una escuela donde su madre trabajaba, tenía de puesto de comida y bebidas dentro del recinto. Jamás olvidaré cuando la señora me tocó el brazo dándome su mano, fue una sensación extraña, sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, pero a su vez una paz interna tremenda. El estar sentada a su lado me producía tranquilidad, sosiego, su mirada era tierna, aquella mujer tenía algo especial. Su padre y una hermana también estaban allí, eran encantadores, pero su madre era la dulzura personificada.

El último recorrido fue ya hacia el aeropuerto, nos despedimos de mi amigo con un gran nudo en la garganta y una tremenda pena de tener que regresar.

Pakse, Don Khone
En el Wat Chomphet

Cuando llegamos a Vientián cogimos un taxi desde el aeropuerto, cosa que está muy bien organizada. Pagas en un mostrador una cantidad según trayecto, los precios son muy asequibles, evitas tener que regatear y ser engañado. Te dan un papel para que sepas el taxi que te hará el recorrido, al taxista no tienes que pagarle nada, solo si quieres darle una propina. Volvimos al Hotel Lao Plaza que esos días estaba completo hasta la bandera, había una convención de Unicef y la mayoría se hospedaban allí. Tristemente tengo que decir que los mejores coches que vi en todo el país eran los que tenía esta organización.

Por la noche habíamos quedado con Thong-ing, quería llevarnos a la feria, Vientián estaba de fiestas.

Fuimos al recinto ferial, tuvimos que pasar unos controles, la policía  registraba las mochilas y bolsos. Nos dimos una vuelta, era columpios y una infinidad de puestos de ventas tanto de juguetes, ropa, zapatos etc, nada especial. Quisimos comer algo y fuimos a los bares que se habían improvisado allí. Nos sentamos para pedir algo, cuanto más tiempo pasaba para ser atendidas menos hambre teníamos. Nos dieron la carta, se nos quedaban los dedos pegados, así que solo pedimos arroz y fideos fritos. Los fideos era una masa uniforme (recalentados por lo menos 20 veces), incomible todo aquello. Así que nos bebimos la cerveza y nos fuimos.

Pakse, Don Khone
En el Wat Phusalao

Por la mañana temprano hicimos las maletas, desayunamos y nos fuimos a dar la última vuelta por la ciudad. Estábamos un poco silenciosas, las palabras sobraban, ninguna de las dos queríamos regresar, nuestras experiencias habían sido maravillosas. Soñábamos con los ojos abiertos deseando poder quedarnos en Laos.

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